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Sábado 14 de abril de 2012  12:00 AM

 

Asdrúbal Colmenárez: “El artista es movido por el ego”

“Diría que soy un tipo provocador; que provoca situaciones. Esto es vital, sino no vale la pena”.

Mañana se inaugura la exposición “Psicomecánicos y otras proposiciones” en Periférico Caracas/Arte Contemporáneo

Por Dubraska Falcón

¿Los cánones de la belleza en el arte? A Asdrúbal Colmenárez (Trujillo, 1936) no le importan. Él es disléxico, daltónico y no controla sus movimientos: “Son muy rápidos y torpes”, dice. Para cualquier creador estas características serían un caos. Para Colmenárez ha significado una reinvención. “En un escrito que hicieron sobre el arte cinético nacional afirmaban que yo era el único de la época que no me había convertido en un periquito. No tuve esa capacidad (…) Por eso descubrí que no me importa que la obra de arte sea fea o bonita. Me importa es que la gente pueda reflexionar sobre su vida, sobre el espacio y sobre la sociedad”.

Ese interés ha permitido que Asdrúbal Colmenárez sorprenda cada vez que pisa una sala de exposiciones. Y lo que sucederá, desde mañana, en Periférico Caracas/Arte Contemporáneo no será la excepción. Él asombrará con la muestra Psicomecánicos y otras proposiciones, que cuenta con el apoyo de la Fundación Telefónica.

La impresión arranca apenas se entra a la sala, ubicada en el Centro de Arte Los Galpones, de Los Chorros. Las nuevas obras del maestro son robots que dibujan. Se trata de siete aparatos mecánicos que al moverse generan, sobre papel o talco, formas abstractas.

La primera versión de estas máquinas la presentó en 2010 en París en el evento la Nuit blanche (Noche Blanca). “El robot medía tres metros con cincuenta centímetros. Se llamaba Scrutor. En 1921 el ruso Yevgeni Zamiatin escribió la novela Nosotros, de la que se inspira George Orwell para crear 1984. Desde entonces nace la figura del Gran Hermano que te vigila. En eso me inspiré para crear un robot que observa al público. Han creado programas como Súper Mario o el aparato Wii. En ambos tú obedeces al programa. En la exposición no. Aquí estará la máquina y tú. Puedes hacer con ella lo que quieras. ¡Eres libre!”, asegura el artista que bebe de elementos del cine, la literatura y la filosofía. En este trabajo hace referencia a la película La quimera del oro (1925) de Charles Chaplin, y al documental que realizó François Truffaut acerca de Pablo Picasso.

-Además de los robots, muestra unas cajas de luz…

-Estas cajas son bobas. Comenzaron con unos dibujos que se llaman Psicorelativo. Son muy simples. Lo único que importa es lo de adentro: la luz negra. Eso permite que los colores fluorescentes sean más fuertes y evidentes. Entonces con unas paletas de color que salen de las cajas puedes transformar la obra. Una vez más lo que me interesa es dar la impresión al espectador de que él puede cambiar cosas; como también lo puede hacer dentro de la sociedad y para sí mismo.

-¿Aún mantiene la premisa de no repetirse?

-Para mí no es tan importante la realización. Para mí es importante la idea. No creo un estilo realmente. Lo que más me interesa es el hecho de poder seguir creando cosas nuevas, porque sino me aburriría. ¿Por qué a mi edad me interesaba en máquinas? Porque es una manera de ir contra el tiempo. Pero no solamente yo. El hombre siempre quiso ir contra el tiempo. Los artistas tienen el sueño de que no van a morir nunca, pero uno va a morir igual. El artista es movido por el ego, chica. Por pasar a otro plano.

-¿Es posmoderno?

-Sí. Pero el hecho es que yo no tengo un estilo. Si tuviese un estilo repetiría la misma obra, y realmente me fastidia. Picasso decía: ‘Yo no busco, yo encuentro’. No vamos a decir que yo busco, he tenido suerte de encontrar cosas. Es verdad, soy posmoderno. Pero también lo es Damien Hirst.

-Y como él, su obra transgrede lo convencional…

-Sí, en la medida de lo posible. La situación no viene de mí. Viene de un tipo importante que se llamó Marcel Duchamp. Él hizo que la obra fuera obra. Por eso el arte contemporáneo le es distante al espectador. A veces hay exposiciones en donde no entiendes nada. Entonces no vuelves más. Duchamp hizo todo. Hay muchos que hacen todo, y delante de esta gente uno se siente como chiquitico.

-Pero su obra sorprende…

-Me interesa es cuando a mí me sorprende. No que la gente se sorprenda. Una vez un señor me compró una obra y me dijo: ‘Lo que me gusta de usted es que cada día hace cosas nuevas’. Debe ser también que me interesan muchas cosas. No se concibe tampoco que un artista se encierre en una torre de marfil.

-O que el artista se encierre en una misma técnica…

-Para mí eso estaría prohibido (risas). Después que descubres que necesitas algo más, todo cambia.

-¿Por eso crea con elementos disímiles?

-Claro. Creo con materiales que no son de las artes. En mi escultura, por ejemplo, mezclo hierro con caucho. Eso viene del arte povera y de Mario Merz. Mezclaron cosas de fácil obtención. Ahí descubrí que la armonía en la naturaleza se da por contraste no por afinidad.

-A usted no se le puede definir como convencional…

-Esa palabra entierra a la gente. Yo diría que soy un tipo provocador; un tipo que provoca situaciones. Esto es vital, si no no vale la pena hacer esto. Sería algo que fuera solo para darte placer. Para darme placer me como un chicharrón (risas).

-¿Hasta cuándo va a crear?

-Pero si lo que tengo son 75 años, nada más (risas). Todavía me falta. (Carlos) Cruz- Diez me dijo: ‘Para un artista no hay jubilación’. Y es verdad. Uno tendría que parar de pensar. El día que no piense más, que espero que no llegue, paro de crear. Pero crear es bonito, porque eso te hace sentir que estás todavía vivo.