EL NACIONAL – Lunes 26 de Noviembre de 2007 Escenas/4

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JESÚS FUENMAYOR El curador cuestiona la exclusión en el campo artístico
«Si quieren agencias de festejos, que les quiten el nombre de museos»

El director del Periférico Caracas cree que se ha desdibujado la naturaleza de las instituciones museísticas y que el actual gobierno no reconoce al arte contemporáneo porque no le gusta la crítica. Desde la organización cultural que lidera, da espacio a quienes considera les han cerrado las puertas

MARJORIE DELGADO AGUIRRE

ORLANDO UGUETO

Jesús Fuenmayor tiene más de tres décadas dedicado a la investigación y a la curaduría de arte en Venezuela.

Desde hace dos años dirige un proyecto llamado Periférico Caracas Arte Contemporáneo, que cuenta con ocho salas de exposición. Insiste en que esta institución no pretende sustituir a los museos, pero que sí constituye una respuesta frente a las políticas que rigen la actividad actual de esos espacios públicos.

Asimismo, reconoce que los museos debían redefinirse y asegura que desde finales de los años ochenta, con el impulso de personajes recordados como Roberto Guevara, se trabajaba en la idea de repensarlos. Sin embargo, dice no sin cierta nostalgia: “Esta revolución nos llegó antes de que pudieran efectuarse los cambios que queríamos hacer”.

–¿A qué responde el Periférico Caracas?
–Lo que está pasando en el país crea nuevos retos y a eso estamos respondiendo. Desde Periférico Caracas queremos darle plataforma a un tipo de producción artística que en las nuevas políticas culturales del Gobierno han perdido espacio. Me refiero a la situación de los museos. Hay una política de cerrar esa apertura que había con respecto a los artistas contemporáneos y eso es dramático.

–¿Por qué es grave que se cierren las puertas al arte contemporáneo?
–No digo que es grave, digo que es dramático. Desde que en Venezuela se comenzó a crear una política de instituciones museísticas en todo el país, que fue un programa impulsado por Roberto Guevara al principio de los ochenta, se venía hablando de la necesidad de repensar los museos.

Yo diría que es más que lógico que se redefinieran.

–¿Pero le parece que están replanteando a los museos de forma adecuada? –Eso es lo que no me parece bien, porque no se está haciendo en función de reflexiones que incorporen a todos los actores interesados en los museos, sino como una orden que se da desde arriba, como un cierre brusco. Es traumático.

–¿Podría enumerar los principales traumas que usted vislumbra en la redefinición actual de los museos?
–Primero, le cierran las puertas a la gente que construyó esos museos como instituciones. No sólo a Sofía Imber en el de Arte Contemporáneo; a María Elena Ramos en el de Bellas Artes, o a Clementina Vaamonde o Luis Miguel La Corte en la Galería de Arte Nacional; sino a mucha otra gente en la que el Estado venezolano invirtió dinero para que se profesionalizaran. El segundo trauma es que uno no siente que esa transformación se dé en la práctica, por más que se intente vender como remedio para la situación de los museos que, supuestamente, funcionaban de espalda al gran público y estaban dominados por un grupo de gente que no permitía la participación.

–En la Fundación de Museos Nacionales dicen que hay mayor participación de la gente. –Tatiana Flores, una de los dos únicos venezolanos con un posgrado en Historia del Arte de la Universidad de Columbia, ha seguido la trayectoria de los debates del museo del socialismo del siglo XXI y ha notado que esas convocatorias no son tan amplias como se anuncian. No es verdad que la reforma de los museos se está haciendo como transformación de fondo. La visibilidad de los excluidos es una cosa que uno tiene que reconocer y que, quizás, es lo que sostiene a este gobierno. No obstante, ignorar a la gente que los construyó es una forma de excluir. Tú no puedes acusar a los demás de exclusión si tu primer gesto es excluir.

“Uno va a los museos, porque yo soy de los que sigo visitándolos asiduamente, y los veo siempre vacíos. Antes había un público interesado en los programas de exhibición de arte. Ésa es la principal cara pública de los museos. Hoy en día, uno pasa por las salas y no consigue a nadie, están desoladas y eso se ha venido sintiendo más desde hace un par de años. En cambio, en los pasillos uno encuentra actividades donde siempre hay gente.

Antes también las había, pero la pretensión era que el público pudiera disfrutar tanto de esas actividades, como de la programación principal de los museos”.

–¿Entonces, en qué situación se encuentran los museos?
–Están en un momento de distorsión que se vuelve infinito, que no termina de definirse. Uno siente que no están cumpliendo con la labor para la que fueron diseñados. Si los quieren convertir en agencias de festejos, pues que terminen de quitarles el nombre de museos. Se hacen muchas actividades que son más para la convocatoria de eventos, para mover la mayor cantidad de gente posible. Claro, como no hay la experticia para hacer lo que hacía Sofía Imber, que lograba que fueran 3.000 o 5.000 personas al Museo de Arte Contemporáneo a ver y disfrutar el arte; como no saben ni aprecian el trabajo de los artistas, como no los respetan, entonces tienen que buscar otras formas para atraer a ese público masivo, que es el que ellos quieren.

–¿Cuál es su opinión respecto al proyecto que comenzó en el Museo Jacobo Borges? –Cometen la ingenuidad de creer que el arte es una herramienta más para el trabajo social, sin pensar en una definición de lo que es el arte. El campo del arte tiene unas definiciones y al no reconocerlas se cae en el error de desdibujarlo. Se terminan haciendo, no exposiciones de arte que reconocen el entorno social o que reflexionan sobre éste a través del arte, sino actividades que desdibujan el museo y que al final son menos efectivas que las que se hacen desde los propios puntos de partida del arte. Quieren instrumentalizar el arte de una manera muy pedestre. Convertir a los museos en algo para lo que no están destinados es nefasto y hay mucha gente ingenua que cree que pueden transformarlos en lugares donde se reparten empanadas y se hace bailoterapia, y ésa no puede ser la función de un museo. Entonces, dejen de llamarlos museos. Quítenle el nombre de Jacobo Borges y pónganle centro cultural o cancha Alí Primera.

–El argumento es que las comunidades antes no se sentían identificadas con los museos. –Eso es falso. Le voy a dar un ejemplo que viene como anillo al dedo. En 1994 hicimos la exposición Cuarta pared, en la que la premisa era tomar en cuenta el contexto del museo.

La obra de Alfredo Jaar, uno de los cuatro artistas, no pudo ser más radical en ese sentido. Se llamaba Cámara lúcida y consistió en repartir cámaras de fotografía entre la comunidad para que hicieran sus propias imágenes. Esa pieza, que contaba con 500 fotos aproximadamente, hizo que la gente se hiciera parte del museo. La gente lloraba cuando la veía.

–¿Por qué cree usted que no se tomen en cuenta este tipo de antecedentes?
–Lo que pasa es que a este régimen no le interesa reconocer el arte contemporáneo porque es crítico y hay gente a quien no le gusta la crítica.

Hay gente que no reconoce que el arte contemporáneo establece comunicación con la gente y lo hace muchísimo mejor que cualquier otro tipo de cosa. Lamentablemente, le han cerrado las puertas al arte contemporáneo con la excusa de que es inalcanzable. Esa excusa sirve para tener el control de las instituciones museísticas y ponerse, falsamente, al lado de los pobres que no son capaces, dicen algunos, de entender el arte contemporáneo, lo cual es falso de toda falsedad. El arte se puede comunicar con cualquiera.

–¿Considera que los museos están politizados? –¿Ha visto alguna obra crítica hacia el Gobierno?

EL NACIONAL – Lunes 26 de Noviembre de 2007 Escenas/4

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Abismos en la investigación

Jesús Fuenmayor señala que los dos ministros de Cultura de este gobierno (antes Manuel Espinoza, hoy Francisco Sesto) han hablado abiertamente de excluir a curadores e investigadores. La razón, dice, es que los museos se entienden como territorios que deben ser conquistados por las nuevas fuerzas de poder y no como un espacio con una historia larga que le otorga una forma de ser, que tiene un inconsciente. “Eso es lo que no se quiere ver y es una cosa básica que se aprende cuando uno entra en este ámbito. El museo no es sólo una estructura, un cascarón, no es un patio trasero para hacer parrilladas”. Lo más grave de esto, asegura, es que se están generando abismos de investigación que cobrarán factura en el futuro. “Ello es intencional, porque eso es lo que le daba la personalidad a los museos, lo que permitió en buena medida que las fundaciones del Estado tuvieran autonomía para la investigación. Ahora se pierde esa personalidad de esas instituciones, que es única”.
Es con usted Sr. Ministro

No sé por qué, pero el chavismo ha implantando esa nueva tendencia de la moda a responder con descalificaciones sin fudamentos. Algunos dirán que es porque no los tienen. A mí, en cambio, me preocupa tanto ruido disonante que no deja oír a los demás. Señor Ministro Farruco Sesto, es con Usted. Si va decir que soy deshonesto, explique por qué. Mis declaraciones ayer en El Nacional van dirigidas a Usted, a quien me refiero cuando digo (¿hacía falta la aclaratoria?) que las políticas de cultura en el sector museos se imponen desde de arriba sin suficiente reflexión. Conozco y respeto a mucha gente valiosa que trabaja en los museos y, como lo resalté en una parte de la entrevista que no salió publicada en El Nacional, le tengo especial estima a Zuleiva Vivas, actual Presidenta de la Fundación Nacional de Museos. Cuando dije que “si a los museos los van convertir en agencias de festejos, mejor le quitan el nombre”, me refería y me refiero a las políticas que emanan de su oficina, Sr. Ministro. Si, Usted, que tiene
un cargo de responsabilidad pública, le ordena a sus subordinados que le cierren las puertas a, por ejemplo, el arte contemporáneo, y ellos no lo hacen, ¿qué les pasaría con sus trabajos, Sr. Ministro? Yo, como ciudadano lo que quiero, lo que reclamo, es igual a lo que muchas personas que han estado participando desde hace un par de años para acá en los foros que organiza su cartera ministerial: estamos todos impacientes por saber cómo van a ser los museos y que en el interim, en lugar de dejar a los museos a la espera de lo qué pueda suceder, se le den recursos para que sigan haciendo exposiciones, aumentando su patrimonio, y pongan a funcionar sus infraestructuras. Me parece poco menos que una bellaquería decir que yo estoy descalificando al personal de los museos. Es con usted, Sr. Ministro.