El Nacional – Lunes 30 de Enero de 2006 B/1 B/12

El Nacional – Lunes 30 de Enero de 2006 B/1

Deportes
CULTURA
MUSEOS NUESTROS


El curador Jesús Fuenmayor opina que los museos deben seguir siendo una materia de todos los venezolanos que por naturaleza han estado interesados en ellos. Fuenmayor cree necesaria una política de Estado que establezca una diferenciación de los fines y propósitos de cada museo nacional pero advierte que los recientes megaproyectos expositivos del Ministerio de la Cultura intentan

 

EL NACIONAL – LUNES 30 de Enero de 2006 B/12

Cultura y Espectáculos
JESÚS FUENMAYOR celebra que en el caos sobreviva la cultura

“Debemos volver a sentirnos dolientes de nuestros museos”

El curador cree necesaria una política de Estado que establezca una diferenciación de los fines y propósitos de cada museo nacional, pero advierte que los recientes megaproyectos expositivos del Ministerio de la Cultura pueden ser ejemplo del tipo de instituciones que se quieren: homologadas, todas en el mismo tren, que respondan a una necesidad del Gobierno


EDGAR ALFONZO–SIERRA
ENTREVISTA


Fotos SANDRA BRACHO

“No por estar en otros espacios tenemos que descuidar la existencia de los museos que son nuestro patrimonio”

Al frente de un proyecto de mediano y largo plazo que ocupa todo su tiempo inmediato (la dirección del centro de artes y disciplinas contemporáneas que bajo el nombre de Periférico Caracas ha comenzado a dar sus pasos desde diciembre pasado), el curador Jesús Fuenmayor se inserta más activa y gerencialmente en el panorama cultural venezolano. Desde su nuevo flanco y con independencia intelectual, el investigador habla.

–Algunos hacedores y consumidores de las artes visuales están creando un nuevo polo de consumo cultural en el este de la ciudad a través de nuevos centros o galerías. Periférico Caracas es uno de ellos. ¿Cómo se ubican políticamente los proyectos de Fuenmayor en este panorama?
–Es cierto que el público natural, los dolientes que tenían los museos, los han abandonado. Constantemente encuentras gente que no sólo eran diletantes de la actividad museística sino vinculados directamente (investigadores, curadores), que dicen que tienen tiempo sin visitarlos, que no saben qué está pasando, que no participan ni se sienten llamados por los museos. También lo dicen los artistas. Creo que lo que está pasando con nosotros es que se desvió el curso. Efectivamente, teníamos una infraestructura cultural demasiado dependiente del apoyo del Estado y en Venezuela tenemos el problema de que el Estado es el Gobierno. Hoy el panorama para quienes trabajamos en la divulgación del arte ha cambiado mucho. Existe una producción artística sostenida, unos proyectos de divulgación y distribución de esa producción, y una necesidad de consumirlas. Eso está provocando que situaciones como la del Periférico Caracas surjan. Aparecemos a partir de esa necesidad.
“Por otra parte, no podemos cometer la ingenuidad de decir que el estar en el Este de Caracas no tiene que ver con la situación política. Eso es parte del discurso político actual, sin duda. Pero a nosotros lo que nos interesa de ese paisaje no es entrar en un debate de posiciones.Lo que estamos ocupando es un lugar intermedio, con prácticas de reflexión, argumentación, cuestionamiento e investigación. Ponemos en entredicho esa lectura de ‘burbuja’ que se da a la frase ‘este de Caracas”.

–Más allá de la situación que describe, ¿hay algo positivo o rescatable del nuevo estado en el que se encuentran las artes venezolanas?
–Creo que muchos estamos sorprendidos de que en Venezuela, un país en el que las instituciones estuvieron acostumbradas a tener un apoyo presupuestario generoso, hayan surgido espacios paralelos y que se esté generando otra cultura de producir y divulgar el arte. Sin ir lejos, la situación del Trasnocho Cultural es interesante. Ahí hay un signo claro de que la gente, independientemente de la situación política, está dispuesta a apoyar la actividad cultural. Ése es uno de los mejores regalos que se le han hecho a Caracas: que se haya podido comprobar que el arte no es banal para el caraqueño y que lo defienda desde sus intereses. En una ciudad tan caótica y destartalada sobreviven estas actividades.

–¿Cuál considera usted debería ser la política del Estado para el sector?
–Hablemos de algo concreto. Hoy en día no termino de entender bien el proyecto de crear una sola fundación que reúna a todos los museos que antes fueron fundaciones de Estado. Esa fusión nos ha perturbado a muchos y la principal perturbación viene por la desinformación.

Cuando existían las fundaciones de Estado, algo que uno criticaba era la poca diferenciación. Comparto la visión que tenía Roberto Guevara, quien sostenía que las fundaciones de Estado tenían que desigualarse, que no estaban bien definidas las responsabilidades y atribuciones de cada museo y por eso muchas veces había un choque de programas, funciones y objetivos entre ellos.
Siento que hemos retrocedido al respecto. Recientemente, en Alemania se hizo lo mismo, un proyecto que está aún en proceso, es decir, se agruparon los museos en una administración central pero con una intención que parece contraria a las políticas del Ministerio de la Cultura: la diferenciación y especificidad de los objetivos de los museos.
“Uno de los problemas que causaba esa falta de diferenciación era que cinco museos de la ciudad tenían programaciones similares, sobre todo enfocadas al arte contemporáneo.
Es posible, y se tendría que estudiar, que Caracas no necesite sino un máximo de dos instituciones museísticas que apoyen al arte contemporáneo, pero con un programa consistente y una definición muy clara de lo que éste es. Un buen ejemplo de esto fue el anteproyecto presentado en la fugaz gestión de Carmen Hernández en el Maccsi. Se trata de que las políticas de Estado reconozcan las situaciones particulares, que se sepan y valoren las historias específicas de cada institución, que repartamos un poco mejor las energías y que se ponga más énfasis en la investigación. No veo ningún síntoma de que eso sea así. Esto nos gustaría como una política de Estado responsiva a necesidades reales y no a un programa elaborado sin la participación de todas las personas que tienen interés en el tema. Pero lamentablemente no hay un ambiente propicio para el diseño de esas políticas de Estado con una participación de todos. Por eso, ese ambiente hay que crearlo”.

–¿Cómo ha percibido la política de exhibición del arte venezolano, aplicada en la reciente administración cultural, a través de megaproyectos sumariales?
–Ese proyecto me pareció muy vigoroso en un primer momento. Cuando se hizo la primera megaexposición aún no se había hecho una transformación tan fuerte de la institucionalidad museística como la hay ahora, transformación que ya estaba adelantada en la segunda mega. De la primera entrega puedo confesar que una de las exposiciones más interesantes, desde el punto de vista curatorial, que he visto en Venezuela, sino la mejor, fue la que hizo Mary Luz Cárdenas en el Museo de Bellas Artes. Una exposición que era lección de cómo plantearse un proyecto curatorial denso, interesante y emocionante en sus tipos de lectura. También la exposición de Carmen Hernández en el Museo de Arte Contemporáneo, que representaba su proyecto de redefinición de qué es el arte y qué es lo contemporáneo que se planteaban en el departamento de investigación del museo con José Antonio Navarrete a la cabeza. Las otras también tuvieron sus fuertes.
Lo que se estaba vendiendo en aquel momento desde las oficinas del ministerio como la megaexposición y lo que en realidad se hizo, había que separarlo.
“Las muestras de la segunda mega tenían más correspondencia entre la idea gerencial del ministerio y la práctica. Ahí ya empezabas a notar muchos problemas. Había confusiones, por ejemplo, como la que precisó el crítico Perán Erminy. Él indicaba que ésa no era una exposición inclusiva, que los 3.000 artistas señalados no cubrían a todos los artistas que, de hecho, tenemos. A finales de los años 80 hice con Roberto Guevara un registro de artistas venezolanos que ascendía a más de 3.000, Perán ha seguido haciéndolo y tiene muchísimos más registrados. Otro de los errores, señalado también por Erminy, es que se confundía el arte popular con el arte aficionado. Y no estamos diciendo que no se hagan exposiciones de arte aficionado. El problema está en cómo se conciben las exposiciones”.

–El problema lo detecta, entonces, desde el momento en que ve coincidir las ideas del despacho de Cultura y las muestras planteadas en los museos.

–Cuando vimos mayor correspondencia entre idea y práctica nos enfrentamos a una propuesta muy confusa que ya mostraba que se diluía y que no tenía contención, ni límites precisos, donde todo cabía y se manejaba de una manera muy arbitraria. La segunda mega fue hecha sin argumentar las decisiones que se tomaron, sin estudio ni investigación. Uno podría pensar que eso es consecuencia de la improvisación, de esa cosa bochornosa de la que nos quejamos los venezolanos sobre que no somos capaces de organizar cosas seriamente.Por otro lado, si pensamos el caso desde un punto de vista ideológico, una de las referencias que puedes conseguir en la historia es el manifiesto fascista, que abogaba por la abolición de la investigación que, hoy en día, sería el equivalente de la curaduría. A mí me cuesta pensarlo de ese modo, tanto como estrategia fascista como una falta de contenido o como un síntoma de una improvisación característica.

“La mega prácticamente se evaporó. El Certamen Nacional de las Artes se supone que es, según se anunció en un principio, la tercera versión de la mega. Un síntoma de esa evaporación es que ni siquiera hay reacciones críticas hacia ese certamen. De hecho, tengo entendido que las instituciones de todo el país conectadas al proyecto le destinaron espacios muy marginales. Estas estrategias de hacer esos proyectos de escalas tan ambiciosas que intentan abarcar a todo el mundo, están en un punto en que políticamente, como estamos en año electoral, no conviene promocionarlas mucho. No creo que ese tipo de eventos vaya a afectar mucho la institucionalidad, al menos no en año electoral, como se pretendía en un principio. A confesión del ministro, estos proyectos son una forma de ejemplificar el tipo de instituciones que se quieren: instituciones homologadas, todas en el mismo tren, respondiendo a una necesidad del Gobierno”. “Quizá estas cosas no vayan a tener un efecto tan dramático sobre las instituciones pero hay que estar pendientes. Hay que mantener una posición crítica. Hay que reclamar que esos proyectos van arrasando con un tejido institucional que había en el país. Independientemente de la calidad, la exclusión o no de artistas o las políticas de adquisición, aquí había un tejido institucional que es algo que los actuales responsables de las políticas de Estado están empeñados en negar en su existencia, importancia y logro. Subrayan sólo sus defectos cuando sus virtudes fueron imperiosamente superiores: el trabajo hecho por Tahía Rivero en pocos años en el MAO, el de Clementina Vaamonde en la GAN, el del Museo de Bellas Artes, el del Maccsi. Teníamos un funcionamiento envidiable. Se trataba el arte con respeto y las condiciones de las exposiciones eran cercanas a las ideales. Las obras tenían recursos de restauración, conservación, vigilancia y seguros. Estamos en un momento en que no sabemos a dónde vamos y debemos estar atentos porque no por estar en otros espacios tenemos que descuidar la existencia de estas instituciones que son nuestro patrimonio.
Debemos volver a sentirnos dolientes de nuestros museos”.

“Muchos estamos sorprendidos de que en Venezuela hayan surgido espacios paralelos y que se esté generando otra cultura de producir y divulgar el arte

Artistas de contexto

–Algunos han criticado la capacidad de los creadores venezolanos de mostrarse, desde sus obras, como dolientes del país. Se generaliza que la producción artística venezolana es descontextualizada, evasiva y sin compromiso político.

–Yo mismo fui de los que en un momento dado, a principios de los años 90, creímos que había un divorcio de las artes venezolanas con el país. Eso quizá fue producto de una sensación de que las artes crecían hacia un sistema que se orientaba más a una fase de mercado del arte. Pensamos que esto no se correspondía con el resto de una nación que empezaba a caer en un abismo económico. “Creo que no se deben establecer políticas para determinar qué van a hacer los artistas. Eso va contra su misma naturaleza creadora. Esperar sin más que haya un énfasis político en los artistas actuales es contraproducente. Lo importante es darles canales para que sus trabajos ocurran. Lo que sí insisto que falta es investigación. A muchos de los artistas contemporáneos de los últimos años se les critica que no están preocupados por elaborar el contexto histórico del país. Pero en nuestro contexto histórico apareció un arte venezolano muy marcado por el formalismo. Eso también nos define y no asumirlo es un error de investigación grave. Más que el divorcio entre las artes y el país, lo que hace falta es hacer un ejercicio de estudio acerca de las obras artísticas y entender cómo se relaciona lo que hacen los creadores con nuestro contexto. ¿Le vamos a pedir a los artistas que además de hacer las obras, sean ellos quienes elaboren ese discurso? Aunque participen haciéndolo, ésa no es su responsabilidad”. “Se trata de que las políticas de Estado reconozcan las situaciones particulares que repartamos un poco mejor las energías y que se ponga más énfasis en la investigación

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Cultura y Espectáculos
ES POSIBLE PROMOVER EL ARTE SIN EL ESTADO

Jesús Fuenmayor explica ciertos rasgos de Periférico Caracas: “No somos ni un museo, ni una galería, sino un espacio que necesita buscar recursos de muchas maneras. No podemos depender de subsidios del Estado ni de la generosidad filantrópica de un mecenas, sino desarrollar estrategias disímiles para gestar recursos. Ya tuvimos otros signos y síntomas de que sí era posible promover el arte sin depender del Estado. Aquí se dio el Laboratorio de Arte Contemporáneo (LAC) con Diana López, quien trabaja actualmente en un Centro Cultural Chacao dirigido a un público joven y que mantiene una actividad tremenda; la Colección Mercantil, a pesar de la adversidad, mantuvo su apoyo al desarrollo de las artes visuales en Venezuela; también la Feria Iberoamericana de Caracas, de una labor encomiable, se esforzó por mantener el Salón Cantv de Jóvenes con FIA. Eso nos ha hecho encontrar un potencial independiente que no se había explorado suficientemente hasta ahora”.