eluniversal.com – Lunes 18 de septiembre, 2006 Tiempo Libre


Tiempo Libre

Formas visuales
Juan Carlos Palenzuela
Los galpones

Los proceso del arte a veces son silenciosos y subterráneos. Los creadores se desempeñan independientemente de las condiciones adversas que suelen imperar. Hacer la obra es tan complejo como su exhibición adecuada. Una obra novedosa, que rompe con la tradición, exige que su exposición sea igualmente inédita, retadora, contentiva de nuevos desafíos.
Algo diferente sucede en lo que concierne al arte en Venezuela, su exhibición, su concepción, sus categorías, sus audacias, sus signos.
¿Por dónde comenzó esto? ¿En las aulas del Instituto Reverón? Probablemente. ¿En el impulso teórico de un Jesús Fuenmayor? Ciertamente. ¿En unas pocas exposiciones referenciales del surgimiento de otra sensibilidad como Indice en 1994, La llama en 2000, La habitación va en 2001, Utópolis en 2001, 13 Horas en 2001 y varias de las exposiciones que Guillermo Barrios preparó para Puerto La Cruz? Seguramente.
Ha sido un recorrido firme, a pesar de las convulsiones; con determinación, con seguridad en la meta que ahora llega a un punto grande, decisivo, cada vez más activo, de nítido perfil contemporáneo, en los Galpones de Los Chorros. Aquí comienza un maravilloso capítulo del arte contemporáneo en Venezuela.
Los Galpones son, prácticamente, las únicas salas de arte actual en Venezuela. En su equivalente y antecedente sólo se encuentran tres galerías donde se programan exposiciones contemporáneas, a saber la de Elvira Neri, Espacio Zero y 39. El resto, francamente, son galerías de modesto interés.
(Un lugar extraño, al margen, absolutamente retador, es la ONG).
Los Galpones pueden entenderse como galerías y son tres, cada uno con perfil propio. Las exposiciones pueden ser individuales o colectivas (parecería que tienen tendencia por las de grupo). Pintura, fotografía, instalaciones. Obras rotundas y definitivamente abiertas. Aquí se genera una nueva comprensión con el arte, sus soportes, sus dimensiones, sus mixturas.
Un signo de lo que significan los Galpones sería la exposición de fotografías, más exactamente tarjetas postales originales, de Victoriano de los Ríos, su serie reveroniana. Ahí está otra clave: saber buscar en la historia, saber reinterpretarla.
El simple ingreso a los Galpones ya constituye una experiencia de arte. Son sitios inquietantes.
En el Galpón 8 se encuentran Sandra Vivas, Diana López, Alexander Gerdel, Alí González, Lo La, Cristian Vinck, Sigfredo Chacón, Héctor Fuenmayor, Alessandro Balteo, Andrés Alcega, Otto Lauterbach, Jaime Gili y otros.
Oficina #1 es un espacio en el que están Beto Gutiérrez, Yuri Liscano, Luis Salazar, Fed Ovalles, Macjob Paravabis, Sandro Pequeño, Muu, Hase, Suwon Lee, Raimond Chaves, Pian, Iván Candeo, Luis Romero y otros.
Cabe advertir que no son grupos diferentes, ni siquiera son grupos. Son procesos difíciles. Unos y otros están en lo mismo y comparten la experiencia.
Esta nueva situación de arte en Venezuela genera su propia crítica. Junior Ruiz se perfila como el estudioso y el testigo privilegiado.
Pero además en los Galpones está el Club Nuclear.
Alguno de ellos proclama la muerte de las estéticas. Esto indica una preocupación grave. Por lo pronto tienen muchísimo camino que recorrer para asistir a ese funeral.